{"id":1606,"date":"2023-06-11T21:00:00","date_gmt":"2023-06-11T19:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/congresamp2024.world\/?p=1606"},"modified":"2023-07-17T20:01:02","modified_gmt":"2023-07-17T18:01:02","slug":"el-grado-cero-de-la-locura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/congresamp2024.world\/es\/el-grado-cero-de-la-locura\/","title":{"rendered":"El grado cero de la locura"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Acerca de <em>Todo el mundo es loco<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Gil Caroz<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El aforismo <em>Todo el mundo es loco<\/em> no concierne a todos los seres de la Tierra, sino \u00fanicamente a los seres hablantes que obedecen como pueden al c\u00f3digo del lenguaje y que est\u00e1n inmersos en un discurso que establece un lazo social. Es cierto que cuando hablamos, irrealizamos las cosas, las volvemos inexistentes; es el sentido mismo de la f\u00f3rmula: \u201cla palabra es la muerte de la cosa\u201d. Pero lo que hace de aquel que habla un loco, se debe precisamente a que al hablar y volver as\u00ed la cosa inexistente, le procura un ser. Conocemos el ejemplo de Madame Bovary<a href=\"#_ftn1\" id=\"_ftnref1\"><sup>[1]<\/sup><\/a>, que no existe y nunca existi\u00f3 pero cuyo ser est\u00e1 sin embargo asegurado por una obra que le da cuerpo. Tomemos otro ejemplo de Russell: decir que el rey de Francia es calvo es una locura porque el rey de Francia no existe<a href=\"#_ftn2\" id=\"_ftnref2\"><sup>[2]<\/sup><\/a>. Por otra parte, \u201cconviene destacar que, si un hombre que se cree rey est\u00e1 loco, no lo est\u00e1 menos un rey que se cree rey\u201d<a href=\"#_ftn3\" id=\"_ftnref3\"><sup>[3]<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Una defensa contra lo real<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Este poder del lenguaje y de los discursos de volver las cosas inexistentes ata\u00f1e a un vasto dispositivo que nombramos el <em>Otro de lo simb\u00f3lico<\/em>. Este Otro, llamado simb\u00f3lico, no existe realmente. Es por esto que puede resguardar al sujeto de lo que hay de insoportable en lo real. Cuando hablamos, al ser la cosa nadificada, los significantes s\u00f3lo reenv\u00edan a otros significantes, sus referentes son un lugar vac\u00edo. Lo que hace que, al fin de cuentas, no hablemos de otra cosa que de la ausencia de relaci\u00f3n sexual. Cuando el objeto <em>a<\/em> tapona el vac\u00edo de esta ausencia, emerge el goce como positivado, pero permanece indecible. Ya sea que el lugar del referente permanezca vac\u00edo o que est\u00e9 obstruido por el objeto <em>a<\/em>, en ambos casos lo real est\u00e1 excluido del lenguaje. De esta forma, la locura constituye una defensa universal y estructural del ser hablante contra lo real. Esta se apoya en el Otro aunque se despliegue de maneras diferentes seg\u00fan las estructuras.<\/p>\n\n\n\n<p>En su texto<em> \u201cIron\u00eda\u201d, <\/em>Jacques-Alain Miller describe las diferentes modalidades de defensa que consisten en hablar de lo que no existe. El neur\u00f3tico est\u00e1 loco porque hace existir al Otro situando all\u00ed al objeto <em>a<\/em> como consistencia l\u00f3gica de su fantasma, pero tambi\u00e9n como objeto perdido que causa su deseo. El paranoico est\u00e1 loco porque sit\u00faa el goce en el Otro y le da as\u00ed una consistencia real. El Otro inexistente deviene \u201cgoloso del objeto <em>a<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn4\" id=\"_ftnref4\"><sup>[4]<\/sup><\/a>. Se transforma en un Otro que existe, que condensa el goce y goza del sujeto.<\/p>\n\n\n\n<p>La esquizofrenia es la \u00fanica estructura cl\u00ednica que no responde a la definici\u00f3n de la locura como defensa contra lo real por intermedio del Otro<a href=\"#_ftn5\" id=\"_ftnref5\"><sup>[5]<\/sup><\/a>, ya que la distancia entre lo simb\u00f3lico y lo real est\u00e1 all\u00ed ausente. Para el esquizofr\u00e9nico, la palabra <em>es <\/em>la cosa, o incluso, lo simb\u00f3lico es real. No s\u00f3lo no se sirve del Otro para defenderse de lo real, sino que por medio de su iron\u00eda, ataca al Otro simb\u00f3lico y al lazo social sostenido por un discurso. El esquizofr\u00e9nico est\u00e1, por consiguiente, sumergido en lo real, no se defiende de \u00e9ste.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed como la esquizofrenia es una excepci\u00f3n entre las estructuras cl\u00ednicas, el psicoan\u00e1lisis es una excepci\u00f3n entre los discursos acerca de la locura, porque la pr\u00e1ctica psicoanal\u00edtica no es una defensa contra lo real. Muy por el contrario, es una \u00e9tica orientada por lo real. Lacan subraya que el discurso anal\u00edtico \u201cno tiene nada de universal\u201d y \u201ces por eso, agrega, que no es materia de ense\u00f1anza\u201d<a href=\"#_ftn6\" id=\"_ftnref6\"><sup>[6]<\/sup><\/a>. Al ser universal, la ense\u00f1anza pertenece al discurso universitario que produce un saber <em>expuesto<\/em> que evita lo real. El psicoan\u00e1lisis no se ense\u00f1a sino que se transmite en el encuentro, uno por uno, y produce un saber <em>supuesto, <\/em>saber que s\u00f3lo vale para el Uno solo<a href=\"#_ftn7\" id=\"_ftnref7\"><sup>[7]<\/sup><\/a><em>. <\/em>Cuando ese saber es llevado hasta el final, implica un quiebre en la articulaci\u00f3n S<sub>1<\/sub>\uf0e0S<sub>2<\/sub> que es la condici\u00f3n propia al saber universal. Los S<sub>1<\/sub> que se a\u00edslan durante esta operaci\u00f3n no son del orden de una negaci\u00f3n de lo real. Por el contrario, designan lo real del sujeto. En este sentido, el discurso anal\u00edtico no es para nada loco.<\/p>\n\n\n\n<p>El aforismo <em>Todo el mundo es loco<\/em> conlleva una articulaci\u00f3n fuerte entre dos t\u00e9rminos: concierne a la vez a la ense\u00f1anza y al saber, por un lado, y a la cl\u00ednica del delirio, por el otro. El delirio responde a la estructura del saber. J.-A. Miller presenta al delirio como un S<sub>2 <\/sub>que responde a la perplejidad producida por la emergencia del fen\u00f3meno elemental que podemos asimilar a un S<sub>1<\/sub><a href=\"#_ftn8\" id=\"_ftnref8\"><sup>[8]<\/sup><\/a>. Seg\u00fan esta concepci\u00f3n, el fen\u00f3meno elemental tendr\u00eda el valor de un axioma, de un postulado l\u00f3gico, tan enigm\u00e1tico como inexplicable. El delirio es un S<sub>2 <\/sub>que viene a dar un sentido a este elemento irreductible y fuera de sentido, cuando surge en la vida de un sujeto.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Generalizaciones<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El aforismo que titula nuestro congreso concuerda con la despatologizaci\u00f3n contempor\u00e1nea que reemplaza el principio cl\u00ednico por el principio jur\u00eddico y substituye la patolog\u00eda por estilos de vida<a href=\"#_ftn9\" id=\"_ftnref9\"><sup>[9]<\/sup><\/a>. Ahora bien, cuando consideramos, a partir de este aforismo, que <em>todo el mundo es normal<\/em>, que la enfermedad mental y la psicosis no existen m\u00e1s, negamos lo real. La democratizaci\u00f3n de la cl\u00ednica se vuelve entonces una forma de locura en s\u00ed. J.-A. Miller ha indicado en varias ocasiones que los conceptos que Lacan propone con respecto a la psicosis se pueden generalizar al ser hablante, sin por ello deshacer su valor cl\u00ednico en el marco del establecimiento de un diagn\u00f3stico diferencial.<\/p>\n\n\n\n<p><em>El automatismo mental, es el Otro<\/em><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Notemos para empezar una generalizaci\u00f3n operada sobre un concepto que emana de la psiquiatr\u00eda y que fue acu\u00f1ado por de Cl\u00e9rambault: el automatismo mental. \u201cForma inicial de toda psicosis\u201d<a href=\"#_ftn10\" id=\"_ftnref10\"><sup>[10]<\/sup><\/a>, el automatismo mental es una \u201cenunciaci\u00f3n independiente\u201d<a href=\"#_ftn11\" id=\"_ftnref11\"><sup>[11]<\/sup><\/a>, un discurso paralelo, aut\u00f3nomo, extranjero, que parasita al sujeto y lo atraviesa. Esta parasitaci\u00f3n no es s\u00ed una patolog\u00eda, como propone J.-A. Miller. Es la manifestaci\u00f3n del Otro del lenguaje que es propia a lo humano como tal. Esta tesis concuerda con un enunciado de Lacan que suena como una rima: \u201c\u00a1Es normal, el automatismo mental!\u201d<a href=\"#_ftn12\" id=\"_ftnref12\"><sup>[12]<\/sup><\/a>. Sin embargo, el psic\u00f3tico se distingue por el hecho de que \u00e9l reconoce la presencia extranjera de este Otro que habla a trav\u00e9s de \u00e9l, que en ciertas ocasiones le habla y hace intrusi\u00f3n. Por el contrario, el neur\u00f3tico desconoce el hecho de que el Otro habla en \u00e9l, y mantiene la ilusi\u00f3n de que es \u00e9l el que habla, salvo que reconozca el inconsciente. La generalizaci\u00f3n de los fen\u00f3menos del automatismo mental no nos impide entonces distinguir la psicosis de la neurosis.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Paranoia ordinaria<\/em><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En otro registro, imaginario en este caso, J.-A. Miller considera la paranoia a partir de \u201cla relaci\u00f3n primaria con el Otro\u201d<a href=\"#_ftn13\" id=\"_ftnref13\"><sup>[13]<\/sup><\/a> que es, sin lugar a dudas, del orden de una paranoia generalizada. Esta concepci\u00f3n halla sus ra\u00edces en el v\u00ednculo, defendido por Lacan en su tesis, entre la personalidad y la paranoia. Conocemos, por ejemplo, la dificultad que se presenta en ocasiones en la cl\u00ednica, para diferenciar el yo del paranoico de las \u201cfortificaciones al estilo de Vauban\u201d<a href=\"#_ftn14\" id=\"_ftnref14\"><sup>[14]<\/sup><\/a> que constituye el yo del obsesivo, porque cualquiera que sea la estructura del sujeto, el yo es paranoico. Esto se lee ya en Freud cuando describe en \u201cLa negaci\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn15\" id=\"_ftnref15\"><sup>[15]<\/sup><\/a> la construcci\u00f3n del yo, que consiste, dice \u00e9l, en situar al objeto bueno en el interior, en el yo, y al objeto malo en el exterior; esta localizaci\u00f3n del goce malo en el exterior es un modo de relaci\u00f3n paranoica con el otro. Notemos incluso que esta concepci\u00f3n del yo paranoico est\u00e1 presente en la ense\u00f1anza de Lacan desde el estadio del espejo en donde reina la l\u00f3gica agresiva del \u201ceres t\u00fa o yo\u201d. Y, si consideramos que el yo no s\u00f3lo es hostil al otro sino que adem\u00e1s es narcisista, podemos hablar de la paranoia como normal y correlativa a una megaloman\u00eda generalizada u ordinaria.<\/p>\n\n\n\n<p>Notemos que la constituci\u00f3n del yo seg\u00fan el estadio del espejo se produce en dos tiempos. En el primer tiempo, el del organismo, el cuerpo est\u00e1 fragmentado. En el segundo tiempo, la imagen unificada del cuerpo se construye, los \u00f3rganos son reunidos y articulados. Encontramos en estos dos tiempos del espejo los dos tiempos de la construcci\u00f3n de un delirio, que tiene como segundo tiempo al yo como esfera sin falla que resulta ser equivalente a la construcci\u00f3n delirante. Tras el estadio del espejo, es a partir de la imagen de su cuerpo unificado que el sujeto se forja una imagen fantasm\u00e1tica del mundo como una forma esf\u00e9rica e ideal, como el globo que orna el afiche de nuestro XIV congreso de la AMP. J.-A. Miller destaca que esta paranoia generalizada como relaci\u00f3n primaria al otro contradice las concepciones de comprensi\u00f3n fundamental del otro seg\u00fan las teor\u00edas de la intersubjetividad<a href=\"#_ftn16\" id=\"_ftnref16\"><sup>[16]<\/sup><\/a>. M\u00e1s que comprensible, el otro es fundamentalmente extranjero y amenazante.<\/p>\n\n\n\n<p><em>La forclusi\u00f3n: una transferencia de dimensi\u00f3n<\/em><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El delirio generalizado, tal como lo hemos descripto hasta aqu\u00ed, es una construcci\u00f3n imaginaria o simb\u00f3lica. La forclusi\u00f3n, en cambio, a diferencia del delirio, no es una construcci\u00f3n sino un rechazo de un elemento del registro simb\u00f3lico que reaparece en lo real. J.-A. Miller llama a este pasaje de un registro a otro <em>una transferencia de dimensi\u00f3n<\/em><a id=\"_ftnref17\" href=\"#_ftn17\"><sup><sup>[17]<\/sup><\/sup><\/a>. Este fen\u00f3meno atraviesa todas las estructuras.<\/p>\n\n\n\n<p>Un significante es rechazado a lo real cuando condensa un exceso de goce indecible. El caso del hombre de los sesos frescos de Ernest Kris comentado por Lacan<a href=\"#_ftn18\" id=\"_ftnref18\"><sup>[18]<\/sup><\/a> muestra bien c\u00f3mo la imposibilidad del significante para soportar la pulsi\u00f3n produce un rechazo a lo real bajo la modalidad del <em>acting out<\/em>. Se trata aqu\u00ed de una forclusi\u00f3n, que no se produce en el marco de la psicosis sino en la relaci\u00f3n entre el analista y el analizante. Podemos considerar que la intervenci\u00f3n del analista, que no toma en consideraci\u00f3n la palabra del paciente como una verdad sobre la pulsi\u00f3n oral, expulsa esta pulsi\u00f3n fuera de lo simb\u00f3lico. Entonces, esta reaparece en el comportamiento del paciente que pone en acto esta pulsi\u00f3n. Lo indecible que no fue escuchado por el analista, retorn\u00f3 en lo real del lado del paciente.<\/p>\n\n\n\n<p>En la histeria tambi\u00e9n, un tal pasaje a lo real puede manifestarse en la pantomima del sujeto, es decir, en su conducta en el mundo. Recordemos la paciente de la presentaci\u00f3n de enfermos de Lacan, que escucha retornar en lo real la injuria \u201cmarrana\u201d<a href=\"#_ftn19\" id=\"_ftnref19\"><sup>[19]<\/sup><\/a>, atestiguando un goce indecible que la ha invadido en el momento en el que se cruza en el pasillo del edificio al amigo de su vecina. En las mismas circunstancias, escribe J.-A. Miller, un sujeto hist\u00e9rico no habr\u00eda escuchado una voz, pero \u201cno es impensable que para la hist\u00e9rica eso retorne en lo real bajo la forma de actuar como si todos los hombres fueran cochinos\u201d<a href=\"#_ftn20\" id=\"_ftnref20\"><sup>[20]<\/sup><\/a>. En la neurosis obsesiva, es la mirada del padre la que puede tomar consistencia y producir una inhibici\u00f3n mayor. Esta consistencia real de la mirada es una manifestaci\u00f3n de la obscenidad del supery\u00f3 que el significante no puede contener y que por lo tanto es expulsada de lo simb\u00f3lico y desplazada hacia lo real.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta serie de conceptos que conciernen a la psicosis, generalizados y atribuidos al parl\u00eatre como tal, muestran bien que el aforismo <em>Todo el mundo es loco<\/em> puede co-existir absolutamente con un reconocimiento de lo real de la cl\u00ednica. El hecho de que estos fen\u00f3menos atraviesen las estructuras ps\u00edquicas no conduce necesariamente a la supresi\u00f3n de estas estructuras.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Una forclusi\u00f3n inherente a la cura<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Volvamos a la cuesti\u00f3n de la ense\u00f1anza. Hay que estar loco, dice Lacan, para querer ense\u00f1ar el psicoan\u00e1lisis de modo universitario como saber expuesto y universal. No obstante, la formaci\u00f3n del psicoanalista se encuentra en el coraz\u00f3n de la acci\u00f3n de las Escuelas de la AMP. Es decir que si bien no hay una ense\u00f1anza del psicoan\u00e1lisis que ser\u00eda sensata, hay, como hemos visto, una transmisi\u00f3n posible en el uno por uno. Pero el saber en juego en esta transmisi\u00f3n difiere del saber que domina, aquel en el que el amo es el agente. Es un saber que produce horror. Lacan nota, adem\u00e1s, que es poco probable que los candidatos al an\u00e1lisis emprendieran la experiencia si supieran anticipadamente que la destituci\u00f3n subjetiva est\u00e1 escrita en el ticket de entrada. \u201cSin embargo, hacer interdicci\u00f3n de lo que se impone de nuestro ser es ofrecernos a un retorno del destino que es maldici\u00f3n. Lo que es rechazado en lo simb\u00f3lico, recordemos su veredicto lacaniano, reaparece en lo real\u201d<a href=\"#_ftn21\" id=\"_ftnref21\"><sup>[21]<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Dicho de otro modo, hay una forclusi\u00f3n posible, inherente a la cura anal\u00edtica misma, cuando se rechaza el saber que deriva de la destituci\u00f3n subjetiva. Esta destituci\u00f3n, que se impone al sujeto en an\u00e1lisis, implica que aquello en lo que se sostiene &#8211; su sufrimiento, su fantasma, sus identificaciones, su queja, su divisi\u00f3n y su suposici\u00f3n de saber &#8211; ya no le sirve para nada. Entonces, el sujeto debe apoyarse en su propia existencia como \u00fanico punto de certeza que puede orientar su \u00e9tica. Este reconocimiento de la inexistencia del Otro es correlativo a una forma de reconocimiento de lo real. Puede provocar \u201cel horror, la indignaci\u00f3n, el p\u00e1nico<a href=\"#_ftn22\" id=\"_ftnref22\">[22]<\/a>\u201d, pero es el grado cero de la locura.<\/p>\n\n\n\n<p>Traducci\u00f3n: Laura Petrosino<\/p>\n\n\n\n<p>Revisi\u00f3n: Melina Cothros<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\" id=\"_ftn1\"><sup>[1]<\/sup><\/a> Miller J.-A., \u201cLa orientaci\u00f3n lacaniana. El Uno solo\u201d, ense\u00f1anza pronunciada en el marco del departamento de psicoan\u00e1lisis de la universidad de Paris 8, curso del 23 de marzo de 2011, in\u00e9dito.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref2\" id=\"_ftn2\"><sup>[2]<\/sup><\/a> Miller J.-A., \u201cLa psicosis en el texto de Lacan\u201d, Analytica, n\u00ba58, 1989, p. 137.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref3\" id=\"_ftn3\"><sup>[3]<\/sup><\/a> Lacan J., \u201cAcerca de la causalidad ps\u00edquica\u201d, <em>Escritos 1<\/em>, Editorial siglo XXI, Madrid, 1971, p.169.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref4\" id=\"_ftn4\"><sup>[4]<\/sup><\/a> Miller J.-A., \u201cIron\u00eda\u201d, <em>Revista consecuencias n\u00ba7<\/em>, noviembre de 2011.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref5\" id=\"_ftn5\"><sup>[5]<\/sup><\/a> <em>Ibid<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref6\" id=\"_ftn6\"><sup>[6]<\/sup><\/a> Lacan J., \u201c\u00a1Lacan por Vincennes!, <em>Revista Lacaniana de Psicoan\u00e1lisis<\/em> n\u00ba 11, octubre 2011, Buenos Aires, Grama, p.11.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref7\" id=\"_ftn7\"><sup>[7]<\/sup><\/a> Miller J.-A., \u201cTodo el mundo es loco, AMP 2024\u201d, <em>Revista lacaniana de psicoan\u00e1lisis<\/em> n\u00ba 32, p. 15 a 25. Texto de orientaci\u00f3n del congreso de la AMP 2024. Encontramos en este texto varios puntos que han sido desarrollados aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref8\" id=\"_ftn8\"><sup>[8]<\/sup><\/a> Miller J.-A., \u201cLa invenci\u00f3n del delirio\u201d, <em>Conferencias porte\u00f1as<\/em>, tomo 2, Paid\u00f3s, Buenos Aires, 2009, p. 285 a 296.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref9\" id=\"_ftn9\"><sup>[9]<\/sup><\/a> Miller J.-A., \u201cTodo el mundo es loco, AMP 2024\u201d, <em>op. cit<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref10\" id=\"_ftn10\"><sup>[10]<\/sup><\/a> Miller J.-A., \u201cEnse\u00f1anzas de la presentaci\u00f3n de enfermos\u201d, <em>Los inclasificables de la cl\u00ednica psicoanal\u00edtica<\/em>, Paid\u00f3s, Buenos Aires, 1999, p. 417 a 430.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref11\" id=\"_ftn11\"><sup>[11]<\/sup><\/a> <em>Ibid<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref12\" id=\"_ftn12\"><sup>[12]<\/sup><\/a> Lacan J., \u201cHacia un significante nuevo\u201d, texto establecido por Jacques-Alain Miller, Revista Lacaniana de Psicoan\u00e1lisis n\u00ba26, junio 2019, Buenos Aires, Grama, p.13 a 20.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref13\" id=\"_ftn13\"><sup>[13]<\/sup><\/a> Miller J.-A., \u201cLa paranoia, relaci\u00f3n primaria con el otro\u201d, <em>The Lacanian Review<\/em>, n\u00ba10, diciembre 2020, p. 56-90.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref14\" id=\"_ftn14\"><sup>[14]<\/sup><\/a> Lacan J., \u201cLa agresividad en psicoan\u00e1lisis\u201d, <em>Escritos 1<\/em>, <em>op. cit.<\/em>, p.113.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref15\" id=\"_ftn15\"><sup>[15]<\/sup><\/a> Freud S., \u201cLa negaci\u00f3n\u201d, <em>Obras completas,<\/em> Tomo XIX, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1979, p. 253 a 257.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref16\" id=\"_ftn16\"><sup>[16]<\/sup><\/a> Miller J.-A., \u201cLa paranoia, relaci\u00f3n primaria con el otro\u201d, <em>op. cit<\/em>., p. 82.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref17\" id=\"_ftn17\"><sup>[17]<\/sup><\/a> Miller J.-A., \u201cForclusi\u00f3n generalizada\u201d, <em>Los signos del goce<\/em>, Paid\u00f3s, Buenos Aires, 2006, p.367-381.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref18\" id=\"_ftn18\"><sup>[18]<\/sup><\/a> Lacan J., \u201cLa direcci\u00f3n de la cura y los principios de su poder\u201d, <em>Escritos 2<\/em>, <em>op. cit.<\/em>, 571 a 537.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref19\" id=\"_ftn19\"><sup>[19]<\/sup><\/a> Lacan J., \u201cTratamiento posible de la psicosis\u201d, <em>Escritos 2<\/em>, <em>op. cit<\/em>., p. 512.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref20\" id=\"_ftn20\"><sup>[20]<\/sup><\/a> Miller J.-A., \u201cForclusi\u00f3n generalizada\u201d, <em>op. cit<\/em>., p. 381.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref21\" id=\"_ftn21\"><sup>[21]<\/sup><\/a> Lacan J., \u201cProposici\u00f3n del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la escuela\u201d, <em>Otros Escritos<\/em>, Paid\u00f3s, Buenos Aires, 2012, p. 270.<\/p>\n\n\n\n<p><a id=\"_ftn22\" href=\"#_ftnref22\"><sup>[22]<\/sup><\/a> <em>Ibid.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Acerca de Todo el mundo es loco<\/p>\n<p>Gil Caroz<\/p>\n<p>El aforismo Todo el mundo es loco no concierne a todos los seres de la Tierra, sino \u00fanicamente a los seres hablantes que obedecen como pueden al c\u00f3digo del lenguaje y que est\u00e1n inmersos en un discurso que establece un lazo social. Es cierto que cuando hablamos, irrealizamos las cosas, las volvemos inexistentes; es el sentido mismo de la f\u00f3rmula: \u201cla palabra es la muerte de la cosa\u201d. 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